Para que los actores demostraran delante de las cámaras una camaradería que resultara real, el director mandó montar una réplica de los clubes oficiales de la Marina Británica, sin televisión aunque con muchos juegos de mesa, cartas, billar, libros sobre la marina, para así fomentar las conversaciones entre el reparto y que se estrecharan lazos entre los actores.